la Risa es la mejor medicina para el alma

Todo está en la cabeza
“Cuando reímos liberamos endorfinas, unas sustancias cerebrales que producen efectos similares a la morfina”, comenta Pedro Cañones, portavoz de la Sociedad Española de Medicina General. Además de aliviar el dolor, las endorfinas “ayudan a estar más relajado”, asegura Carlota López, bioquímica y monitora de risoterapia del Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas de Madrid. Al reír, se van las preocupaciones…

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Como una bomba
Una buena carcajada estimula el corazón. Mientras Borat ofende a un puritano americano, tus vasos sanguíneos se dilatan y aumenta el flujo sanguíneo. Y como éste es el responsable de transportar el oxígeno por el cuerpo, mejoran los procesos metabólicos y la oxigenación de los tejidos. Al tiempo, “este aumento del riego también acelera la recuperación de lesiones y heridas”, indica Cañones. ¿Más? Reír también reduce el estrés un 35%.

A lágrima viva
Mientras tu mejor amigo resbala y cae sobre las mesas, tú empiezas a llorar de la risa. “Las carcajadas provocan una reacción nerviosa que contrae el conducto lagrimal. Al quedar obstruido, las sustancias que segregamos habitualmente por los ojos y la nariz se acumulan, y acaban saliendo en forma de lágrimas”, explica Cañones. Aún en el caso de llorar de tristeza, el alborozo también desencadena la misma respuesta nerviosa.

Un ejercicio muy sano
Más vale reír que llorar. “Cuando lo hacemos activamos muchos más músculos que cuando sollozamos de tristeza”, apunta el Dr. Cañones. ¿La prueba? Seguro que más de una vez te ha dolido la barriga de tanto reír, pero nunca de tanto llorar. Las carcajadas pueden contraer los músculos estomacales con la misma fuerza que una serie de abdominales de máxima intensidad: reírse 10 minutos equivale a un entrenamiento de un cuarto de hora.

Efectos colaterales
“La cabeza es una estructura ósea sólida que vibra con la risa. Este ligero movimiento ayuda, en ocasiones, a despejar la nariz y el oído”, dice Cañones. Al unísono, tus carcajadas se propagan en forma de convulsiones a través del diafragma, dejándote sin aliento. En este momento de euforia, la mucosidad puede colarse por el tubo digestivo en lugar de por la tráquea y desatar un ataque de tos. Respira profundamente para recuperar la calma.

Cuidado con los escapes
Con la risa, los músculos del estómago se contraen y presionan la pelvis, donde se encuentra la vejiga. Si continúas riéndote a carcajadas hasta explotar, tu júbilo puede provocar un pequeño accidente. Evita esta situación practicando algunos ejercicios pélvicos una vez por semana: túmbate de espaldas y contrae los músculos que utilizas para aguantarte el pis. Mantente en tensión unos 10 segundos, tres veces seguidas.

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