Todo inicio tiene un fin

Se nos ha venido tanto la disparatada idea de que “el mundo es de los jóvenes” que parece que los ilusos ambiciosos, de tanto escuchar la repetida frase, se llegan a convencer que en verdad todo lo pueden. Creen comerse el mundo de una mordida y merece cuanto alcance su mirada, por el hecho de poseer ese presumible don de la juventud. En pocas palabras, se han dejado seducir con aquella deliciosa frase que parece ofrecerles en herencia la tierra prometida.

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Pero ¡Oh trampa del tiempo!, no hay nada mas avasallador y cruel que ver lo rápidamente que se vienen encima los años, encarándonos con la cruda realidad “Juventud divino tesoro, te haz ido, para nunca volver”

 

 

Y como burla del destino, llega otro más joven y con más sed de triunfo que el anterior. Entonces el primero se torcerá entre sus temores, su envidia y se dispondrá a atacar sin compasión al naciente contrincante con las armas de la experiencia, el dominio y todas las mañas acumuladas con los años.

Y entran directo al abismo, del cuento del nunca acabar.

Es que, vaya forma de algunos de manipular sus cabecitas frescas, con tan perversa habilidad que logran alimentar aun mas el escandaloso egoísmo característico de la edad, con motivaciones que solo le retrasan en su crecimiento y los logran separar de quienes tanto podrían aprender.

Solo bastaría que comprendieran aquella frase sabia, de esas que se pierden en el tiempo y que tan bien representa a las generaciones:

“Como te veo, me vi.
Como me ves, te veras”

Y tal vez reflexionando en su profundo sentido, comencemos a darnos cuenta de que lo mejor que podríamos hacer para crecer por dentro, es disipar con nuestra actitud el severo abismo de las generaciones.

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